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Elaborado en un régimen de colaboración y descentralizado, con partes de los códigos en distintas computadoras ubicadas por todo el mundo, es un movimiento que conquista aliados como IBM y modifica la definición de derecho de autor Dicen que Rocinha es la mayor favela (villa miseria) de América Latina (me gustaría saber cuál es la mayor del mundo). Dicen que Heliópolis es la mayor favela de San Pablo, la segunda mayor de Brasil y la segunda mayor de América Latina. Creo que todo esto se dice porque poca gente - a excepción de sus moradores - conoce Vila Brasilândia, en la zona norte de San Pablo. Quedé impresionado cuando pasé por allí por primera vez. Parecen muchas Rocinhas, clonadas en muchos morros (elevaciones), no tan escarpados cuanto los cariocas, pero amontonados, uno pegado al otro. Talvez esté cometiendo un error y esa área, tanto en el mapa de los urbanistas como en la percepción de sus moradores, no se considera una favela. Pero no se puede negar que, a pesar de las casas de material no tan amontonadas, sí parece una favela. Y que parece infinita y mucho mayor que Rocinha o Heliópolis, no me cabe la menor duda. Ultimamente, he conocido muchos lugares diferentes en la periferia de San Pablo, lugares que no sabía que existían, lugares en los que la mayoría de mis amigos de San Pablo acostumbrados solamente al circuito entre Espacio de Cines Unibanco - Club Ampgalaxy, nunca estuvo. Visité también la Ciudad Tiradentes. Es como la Ciudad de Deus pero ampliada, una ciudad dentro de la propia ciudad de San Pablo. Es increíble que nada se comente sobre estos aglomerados humanos tan gigantescos en tamaño pero que no ocupan lugar alguno en el pensamiento nacional, en tanto lugares cariocas similares ocupan lugar y además son noticia. No comenzaré nuevamente con esa vieja disputa Río de Janeiro - San Pablo, aunque la siguiente afirmativa es válida: Brasilândia, Ciudad Tiradentes o aún Heliópolis no generaron en las personas que allí habitan ese sentimiento de pertenecer como es el caso de los habitantes de los morros de Río de Janeiro. Ya escuché mucho funk producido en Rocinha donde el MC menciona lleno de orgullo que vive en la "mayor favela de América Latina". En esta grabación, el funk C.I.D.A.D.E. D.E. D.E.U.S, de Cidinho y Doca, es una de las canciones de protesta más emocionantes de la historia de la música brasileña, basada también en el mencionado orgullo (ven a conocer mi ciudad, Vaya! Pueblo valiente, Vaya! Pueblo gigante!"). No se logra tampoco entrar en Mangueira, Salgueiro o al propio complejo del Alemán sin percatarse que allí existe una comunidad orgullosa de sí misma, con una historia de sufrimientos pero con creatividad cultural, fenómeno que solo recientemente surgió en San Pablo, pero que en territorios muy específicos como Capão Redondo, actualmente son referencia cultural nacional a través de la música del grupo Racionais y la literatura de Ferréz. El resto, a menos que sea un lugar que tenga una Escola de Samba importante o donde se celebre alguna fiesta nacional tradicional, es casi siempre simplemente un lugar donde dormir, un lugar de penitencia con el cual nadie quiere establecer ni un vínculo emocional ni una relación con los vecinos, infierno en el que todos fueron despojados y del que quieren huir. Para quien es de la teoría "cuanto peor , mejor" la situación de San Pablo debe presentar ventajas. Para qué crear vínculo alguno o sentir orgullo por vivir en un lugar miserable? Lo mejor sería realizar cuanto antes una revolución para hacer desaparecer estas favelas del mapa. Pero ya que esta revolución demora, un poco de autoestima barrial, si se utiliza bien, puede transformarse en una herramienta para mejorar las condiciones de vida. El hecho que no haya ocurrido en los morros cariocas y que el poder público haga todo lo posible para difundir una entusiasta cultura "de las favelas" volcada a la contravención o al crimen (samba para los recaudadores de apuestas, funk para los traficantes) no prueba que no se puedan obtener resultados mejores en otras ciudades o bajo otras circunstancias. La situación es realmente otra. Fui a Brasilândia, Ciudad Tiradentes y a otros barrios distantes de la periferia de San Pablo para visitar sus telecentros, cuyo objetivo es también funcionar como centros comunitarios. No sé si todos los habitantes de San Pablo conocen el proyecto de los telecentros. Tendrían que conocerlo, como deber cívico y también para aprender importantes lecciones. De ninguna manera estoy haciendo propaganda política en año electoral - no es mi estilo ni mi interés. Los telecentros, de la forma como existen en San Pablo, deberían convertirse en un proyecto de todos los partidos (de esta forma tendríamos la seguridad que no quedarían en la nada cuando cambian los gobernantes) para atención de necesidades a nivel nacional, con repercusiones internacionales actualmente notorias. Pueden generar orgullo comunitario y ciudadano en las periferias de las ciudades como también interconectar las periferias entre sí y estas a su vez con el mundo, no permitiendo que sus conquistas creativas sean capturadas por sistemas político-culturales de "afuera" u organizaciones criminales de "adentro" que solamente buscan transformar a las periferias en más periféricas aún. El telecentro es un espacio de inclusión digital. Allí la comunidad tiene acceso gratuito a computadoras y a Internet. Hay más de cien en el municipio de San Pablo. Siempre están llenos. Estuve conversando con la muchachada que encontré en el telecentro de Brasilândia. Una niña de unos 11 años llegó con las amigas, todas vistiendo pantaloncitos cortos, top y hojotas (la vestimenta oficial de las periferias brasileñas), queriendo saber cómo entrar en el site de la muñeca Barbie. El instructor no le dio la dirección pero si en cambio le explicó cómo funciona el buscador Google. Muchos chicos conversaban vía ICQ (algunos con primos de Ceará), otros jugaban diferentes juegos, otros investigaban para realizar trabajos escolares. Aunque, husmeando por las computadoras del fondo, descubrí adolescentes de alrededor de 16 años, programando en HTML. Estaban diseñando páginas personales para mostrarle al mundo su colección de tarjetas del estilo "Yu-Gi-Oh!". "Cualquier movimiento cultural, desde el punk a Luther Blissett es una "nimiedad" comparado con la idea del software libre" Barbies y games La administración de los telecentros hace bien en no prohibir ni barbies, ni games ni ICQ. Los mocosos le pierden el miedo a la computadora y la tratan como a un juguete. Los más curiosos toman el asunto en serio, se hacen amigos de la máquina y empiezan a programarla. No existe herramienta más necesaria en el mundo actual que tener una buena base de informática - si la formación incluye programación, entonces la persona deja de ser un consumidor pasivo de la alta tecnología. En los telecentros de San Pablo, se incentiva la programación, pues todo funciona en base a software libre. Las computadoras no tienen secretos, sus códigos son abiertos y quien desee puede investigar hasta llegar al núcleo de su sistema operacional. Esta apertura llevó a personas como Cléber Santos, 18 años, (con padre albañil, hace poco tiempo desempleado, madre empleada doméstica cobrando salario mínimo), que frecuenta el telecentro de la Ciudad Tiradentes (el primero inaugurado por la Municipalidad, en 2001), a hacer varios programas - también de código abierto - usando los recursos de programación que adquirió en forma autodidacta. Cléber, hoy es supervisor del telecentro de su "Ciudad" (y el hecho de participar en un proyecto pionero hace que esté orgulloso de vivir allí) y comenta con la mayor naturalidad el hecho de conocer y haber intercambiado ideas con Richard Stallman, el pope del movimiento del software libre en todo el mundo y el principal creador de este nuevo concepto de libertad. No me canso de admirar esta conexión directa entre los más pobres alrededores de San Pablo (los telecentros se instalaron en los lugares con menores Indices de Desarrollo Humano de los municipios) con el movimiento político, cultural y económico que considero más vanguardista e importante del mundo actual. Cualquier otro movimiento político, desde la antiglobalización a los de los sin tierra, se manifiesta insignificante ante las conquistas del software libre. Todo movimiento cultural, desde el punk a Luther Blissett, parece una "nimiedad" frente a la idea del software libre. Es una gran revolución, talvez tanto como cualquier otra revolución de la historia de la humanidad (aunque parezca increíble, mido extremadamente mis palabras para no parecer exagerado) que se desarrolla muy silenciosamente. Es una gran revolución realizada en un régimen de colaboración y descentralizado, sin un partido político que la lidere, pero con partes de códigos en diferentes computadoras desparramadas por todo el mundo, dirigida por personas que no trabajan para enriquecerse sino que desean el bien común - y a veces un poco de fama, ya que nadie es de madera. El negocio del software libre está triunfando: amenaza a Microsoft (y no hay otra cosa en la mira mas que el poder de Microsoft), tiene de aliados a otros capitalistas poderosos como IBM (lo que demuestra la habilidad del capitalismo), cuenta además con toda la izquierda inteligente y atenta, modifica nuestra percepción sobre la propiedad intelectual (la única propiedad que tiene importancia en nuestros días) y le da otro sentido a nuestras vidas, no solamente la búsqueda desenfrenada de ganancias y desarrollos insostenibles. Pero la batalla recién comienza. Es interesante percibir el consenso en varios sectores del gobierno federal brasileño a favor del software libre. Vi, el año pasado en Brasilia a Richard Stallman, sin saco y mucho menos con corbata, quien fuera aplaudido por un panel que incluía a José Sarney, João Paulo Cunha, José Dirceu (dando la bienvenida en nombre del presidente Lula), Gilberto Gil (que en la ocasión dio su discurso más psicodélico), entre otras autoridades. Nunca recibieron así a Stallman en país alguno del mundo. Y pocas personas tan polémicas como Stallman fueron recibidas con semejante reverencia por gobierno alguno. Se están poniendo en práctica muchos proyectos de diseminación de software libre a través de las computadoras del gobierno. Brasil vislumbró una luz para este movimiento en laboratorios donde pueden realizarse pruebas importantes - lo que genera una gran simpatía por el país en los medios donde la cibernética está establecida. Pero, como ya dije, la batalla recién comienza. Y la batalla se perfila bastante ruda. El otro día el New York Times publicó un artículo sospechoso acusando a Brasil de ser un paraíso del crimen informático. No me gustan las teorías conspiradoras, pero de afirmar que el software libre incentiva la ciberpiratería a que la policía mundial golpee en nuestra puerta, hay solo un paso. Tenemos que prepararnos para la pelea y no dejarnos engañar. Pues lo que falta en el mundo son proyectos de inclusión digital cuyo objetivo sea captar parcelas cada vez mayores de clientes del Windows y de sus caros "upgrades". El software libre parece ser el único futuro alternativo al que se presenta obvio y sofocante: el de la dependencia cada vez mayor de una única empresa, Microsoft. El conjunto de telecentros puede pensarse como una zona autónoma, aunque espero que no muy temporaria. La periferia de San Pablo puede enorgullecerse de esto: tiene probablemente la mayor red pública mundial de software libre. Es un proyecto que apenas comienza. Pero aquella niña que entró buscando el site de Barbie, nos ve como tontos a todos aquellos que pagamos por softwares cerrados y por sobre todo más inestables aún que el GNU/Linux y sus aplicaciones (juro: son tan fáciles de usar como los programas de Windows con los que estamos familiarizados). Ninguno sabe de qué manera la muchachada de la periferia usará el arma de la cibernética libre que tiene a su alcance para mejorar su vida. Queriendo, y si los gobiernos y empresas continúan invirtiendo en espacios como los telecentros, pueden crear una cultura ciberpopular de programación brasileña, y los "nuevos quilombos de Zumbi" serán solo digitales. Si esto sucede, al pasar por la Ciudad Tiradentes, espero que totalmente ciber-reurbanizada, el brasileño del futuro estará tanto o más orgulloso que cuando ve a la Escola de Samba Mangueira o a la Escola de Samba Mocidade Independente, nobles productos de las favelas cariocas, entrando al sambódromo (lugar donde desfilan las Escolas de Samba). Hermano Vianna es antropólogo, autor de "El Mundo Funk Carioca" y "El Misterio del Samba" (ed. Jorge Zahar). Escribe mensualmente en la serie "Brasil 504 D.C.", de ... Más!.
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